34 años aprendiendo a estar conmigo

En los últimos años de mi vida, sobre todo desde que vivo en Europa, pasaron muchísimas personas por mi camino.

Amigos.

Amores.

Vínculos profundos.

Encuentros breves.

Personas que llegaron, se quedaron un tiempo… y siguieron.

Hoy, cuando miro hacia atrás, me sorprende algo:

tengo gente querida en muchos lugares del mundo y, al mismo tiempo, siento lo efímero de todo eso.

Elegí abrirme al mundo.

Elegí conocer.

Elegí vincularme sin demasiadas barreras.

Y ahora, a mis 34 años, cuando hago una pausa y me pregunto cómo quiero atravesar este cumpleaños, aparece algo inesperado.

No siento ganas de una gran celebración.

No siento ganas de reunir a mucha gente.

No desde el rechazo.

Desde la honestidad.

Lo que siento es ganas de estar conmigo.

Y cuando miro eso con más profundidad, aparece una verdad que no siempre quise ver:

durante mucho tiempo busqué en los vínculos algo que todavía no me estaba dando a mí mismo.

Validación.

Reconocimiento.

Amor.

Quizás necesitaba que los demás me vieran, me eligieran y me quisieran porque, en el fondo, yo todavía no sabía hacerlo del todo conmigo.

Hoy, después de meditar, de frenar y de escucharme, entiendo algo simple y profundo a la vez:

lo que más necesito para este cumpleaños es estar en paz conmigo.

Y por primera vez en mi vida puedo decirlo sin miedo:

estoy bien estando solo.

No me siento vacío.

No me siento incompleto.

Me siento en calma.

En solitud.

Quizás ese sea el regalo más grande que puedo darme en estos 34 años.

Aceptar —no desde la cabeza, sino desde el corazón— que por fin puedo estar conmigo sin sentir que falta algo.

Sin buscar afuera.

Sin necesitar ser visto.

Sin tener que demostrar nada.

No fue de un día para el otro.

Fue el resultado de cada vínculo, de cada historia, de cada encuentro que pasó por mi vida.

Personas que llegaron para quedarse.

Personas que llegaron solo por un tiempo.

Personas que me enseñaron a amar.

Personas que me enseñaron a soltar.

Personas que me mostraron partes de mí que no quería ver… y otras que necesitaban ser abrazadas.

Hoy puedo decirlo con paz:

nada fue en vano.

Cada relación, incluso las que dolieron.

Cada despedida, incluso las que no entendí en su momento.

Cada experiencia fue necesaria para llegar hasta acá.

A este lugar interno donde ya no necesito llenar el silencio con ruido.

Donde la soledad dejó de ser ausencia y se volvió presencia.

Donde estar conmigo ya no duele, sino que calma.

Por eso este cumpleaños no pide una gran celebración.

Pide una pausa.

Un agradecimiento profundo.

Un gesto de amor hacia mí mismo.

Gracias por no haberte traicionado cuando hubiera sido más fácil hacerlo.

Gracias por animarte a emigrar, a empezar de cero, a elegir lo que amás incluso con miedo.

Gracias por abrir el corazón una y otra vez, aun sabiendo que podía doler.

Gracias por seguir el camino, incluso cuando no estaba claro hacia dónde llevaba.

Hoy, a mis 34 años, no siento que tenga todas las respuestas.

Pero siento algo más importante:

estoy en paz con quien soy y con el camino que elegí.

Y eso, para mí, es suficiente.

Y a vos, que estás del otro lado leyendo esto, te deseo exactamente lo mismo.

Te deseo esta paz.

Esta calma que no depende de nadie.

Este estar bien con uno mismo, incluso cuando no hay respuestas claras.

Podés buscarla en muchos lugares.

En personas.

En vínculos.

En logros.

En experiencias.

Pero hoy puedo decirte algo con honestidad:

el único lugar donde realmente la vas a encontrar es adentro tuyo.

Gracias por estar ahí.

Gracias por leerme.

Gracias por acompañar este tramo del camino.

Y sí,

feliz cumpleaños para mí.

Stefano Bonanno

Mi nombre es Stefano Bonanno, soy coach, terapeuta, e instructor de movimiento y respiración, con una profunda pasión por el crecimiento personal y una constante búsqueda de evolución.
Estoy dedicado a ayudar a otros a tomar control de sus vidas y a crear su realidad de manera consciente, compartiendo las herramientas que han enriquecido mi evolución personal y profesional a través de mis sesiones, taller y programas.

https://www.stefanobonanno.com
Anterior
Anterior

Cuando una relación deja de estar viva

Siguiente
Siguiente

Por qué decidí dejarme acompañar (incluso siendo terapeuta)