Por qué decidí dejarme acompañar (incluso siendo terapeuta)
La coherencia de mirar lo que no puedo ver solo
Decidí dejarme acompañar terapéuticamente.
No porque estuviera mal.
No porque no tuviera herramientas.
No porque no hubiera hecho trabajo personal.
Lo hice por coherencia.
Si estaba acompañando procesos profundos de sanación, reprogramación del inconsciente y bioexistencia consciente, necesitaba vivir eso mismo en mi propia piel.
No desde la teoría.
Sino desde la experiencia.
La ilusión de poder verse solo
Hay una idea muy instalada en el mundo del desarrollo personal:
“Si ya hiciste mucho trabajo, podés solo.”
Y con honestidad, hoy puedo decir que eso es una ilusión.
Porque hay algo que siempre queda fuera de nuestro campo visual.
En la Bioexistencia Consciente solemos decirlo de forma muy clara: el síntoma está en la nuca.
Hay aspectos de nosotros mismos que no podemos ver, por más herramientas que tengamos, por más conciencia que cultivemos o por más espiritualidad que integremos.
Ahí entendí algo clave:
acompañarme no era una debilidad, era una responsabilidad creadora.
Encontrarme con mi terapeuta fue encontrar un espacio donde podía ser auténtico de verdad.
Decir lo que pensaba sin editarlo.
Mostrar mi sombra sin justificarla.
Reconocer mi ego sin demonizarlo.
Aceptar mis fortalezas… y también mis límites.
Cuando el espejo incomoda (y libera)
Lo más incómodo de este proceso fue entender algo profundo:
detrás de mis síntomas hay historias transgeneracionales que estoy repitiendo para poder sanar.
No desde la culpa.
Sino desde el sentido.
Comprender que no existe el “sanador sanado”.
Que siempre hay capas más profundas.
Que el camino evolutivo no tiene una meta final, sino un movimiento constante de integración.
La vida no nos llama a sanar para “terminar”.
Nos llama a sanar para evolucionar.
Y cuando no escuchamos ese llamado de forma consciente, suele aparecer de la manera que todos conocemos:
a través de síntomas físicos, emocionales, vinculares o existenciales.
Mi camino de integración
Este acompañamiento me ayudó a encarnar algo que hoy transmito con mucha más verdad:
Todos necesitamos a alguien que nos escuche y nos ayude a ver lo que por nuestros propios medios no podemos
El trabajo personal no tiene un final; es un proceso continuo que dura toda la vida
La humildad es una forma elevada de conciencia
Asumirse creador de la propia realidad no es control, sino hacerse cargo
Trabajar mi coherencia biológica y espiritual fue clave.
Entender qué estaba creando.
Desde dónde.
Y para qué.
Y cuanto más profundo fui conmigo, más claro se volvió mi acompañamiento hacia otros.
💬 Reflexión final
Este proceso me volvió más humilde.
Más libre.
Más coherente.
Y también me recordó algo esencial:
el verdadero camino no es sanar para dejar de mirar, sino sanar para mirar más profundo.
Quiero agradecerle especialmente a Tomás, mi terapeuta, por acompañarme con presencia, honestidad y claridad en este tramo del camino.
Y si algo de todo esto resuena en vos, quizás la pregunta no sea si necesitás ayuda… sino:
¿Qué parte de vos todavía no podés ver solo/a, pero tu cuerpo y tu realidad ya te están mostrando?