Desconexión, desorientación y desregulación: cuando tu vida funciona, pero algo en vos pide atención

Puede que tu vida esté funcionando.

Tenés un proyecto en marcha. Respondés mensajes, tomás decisiones, resolvés problemas. Quizá incluso te gusta mucho lo que hacés.

Y, aun así, hay momentos en los que algo no termina de estar bien.

Pasás el día hablando con personas, pero sentís que pocas saben cómo estás de verdad. Conseguís algo que antes deseabas y enseguida aparece la pregunta por lo siguiente. Cuando por fin tenés un rato libre, te cuesta quedarte quiet@ sin buscar el teléfono, otra tarea o cualquier cosa que ocupe el silencio.

Nada de esto demuestra, por sí solo, que tengas un problema “clínico”.

Pero son experiencias que vale la pena observar. En mi trabajo las miro a través de tres palabras: desconexión, desorientación y desregulación.

No son etiquetas para definirte. Son preguntas que pueden ayudarte a mirar cómo estás viviendo tu realidad actual.

Desconexión: estar en contacto no siempre es estar en vínculo

Podés pasar el día en reuniones, responder a tu equipo, hablar con clientes y llegar a la noche con la sensación de que no hubo un momento en el que pudieras ser simplemente vos.

A veces la desconexión aparece entre personas: hay conversación, pero poca verdad. Sabés preguntar cómo están los demás y te cuesta responder de verdad cuando te lo preguntan a vos.

Otras veces aparece en la relación con tu propio cuerpo. Comés mientras resolvés algo. Pasás por alto el cansancio. Notás la tensión recién cuando el día termina.

La tecnología puede ampliar nuestras posibilidades de encontrarnos. También puede llenar de interacción espacios donde antes percibíamos mejor nuestras necesidades reales (una conversación honesta, una pausa sin hacer nada o una compañía con quien puedas estar en silencio). No se trata de culpar a una pantalla por cada forma de soledad.

En las redes sociales solemos encontrarnos con fragmentos elegidos de la vida de otros. Son momentos reales para quien los comparte, pero no muestran sus dudas, conflictos ni días corrientes. Si comparamos esos fragmentos con nuestra experiencia completa, puede crecer la sensación de que somos los únicos que no lo tenemos todo claro. Y, si además sentimos que debemos mostrar nuestra “mejor versión segura y feliz”, se vuelve más difícil pedir una conversación honesta.

Creo que la pregunta que nos toca hacernos es la siguiente: ¿hay algún lugar de tu vida donde puedas estar sin desempeñar un papel, sin ocupar un rol particular?

Para quien emprende o dirige, esta pregunta puede tocar algo concreto. Si muchas personas te buscan para obtener una respuesta, ¿con quién podés hablar cuando todavía no tenés ninguna?

Desorientación: seguir avanzando sin saber si esa dirección es tuya

La desorientación no siempre se parece a estar perdido. A veces se parece a cumplir objetivos.

Tu agenda tiene lógica. Tu negocio tiene planes. Sabés qué hay que hacer esta semana. Pero hace tiempo que no te preguntás si la vida que estás organizando se parece a la que querés vivir hoy.

Quizá construiste tu proyecto en una etapa distinta. Algunas decisiones de entonces fueron necesarias y valiosas. Con el tiempo, vos cambiaste. Tus vínculos, tu cuerpo, tus prioridades o tu idea de éxito también pueden haber cambiado.

Y seguir adelante se vuelve más fácil que detenerse a reconocerlo.

No creo que todas las personas necesiten encontrar una gran misión o tener un super propósito. A veces la dirección vuelve con preguntas mucho más sencillas: ¿qué de lo que hago todavía elijo?, ¿qué sostengo por costumbre?, ¿qué estoy dejando siempre para después?

A esto se suma la velocidad con la que recibimos versiones distintas de lo que “deberíamos” hacer: la nueva oportunidad de tu vida, el consejo de turno o la vida “aparentemente” resuelta de otra persona. Los cambios que trae la inteligencia artificial al trabajo pueden intensificar esa sensación de tener que entender y decidir siempre más rápido, incluso cuando todavía estamos intentando orientarnos. No siempre sabemos qué parte de lo que vemos corresponde a una experiencia completa y qué parte es una imagen cuidadosamente elegida. Si cada estímulo nos empuja a revisar el rumbo, puede hacerse difícil escuchar una dirección propia.

Tener opciones no alcanza si perdemos contacto con el criterio desde el que elegimos.

Desregulación: cuando cuesta permanecer con lo que sentimos

Hay días en los que no podemos concentrarnos. Otros en los que no conseguimos parar. En cuanto aparece una incomodidad, buscamos hacer algo con ella: trabajar más, distraernos, abrir otra pantalla, explicar rápidamente lo que pasa o intentar resolverlo todo.

Esas respuestas pueden tener muchos motivos. También pueden ser maneras habituales de atravesar una experiencia difícil. Por eso sería irresponsable mirar a alguien desde fuera y afirmar cuál es la causa de su malestar.

Lo que sí podemos observar es nuestra relación con ese momento.

¿Qué ocurre cuando no tenés nada que resolver durante diez minutos?

¿Qué aparece cuando una conversación te deja incómod@?

¿Qué hacés antes de poder reconocer que estás cansad@, triste, enfadad@ o preocupad@?

Para mí, regularnos no es obligarnos a sentir calma. Es ampliar, poco a poco, la posibilidad de notar lo que sucede y elegir cómo responder. A veces podremos hacerlo sol@s; otras necesitaremos descanso, apoyo o atención profesional.

La pregunta que une las tres

Podríamos tratar estas experiencias como tres problemas separados y buscar una solución rápida para cada una: más encuentros, un nuevo objetivo, una técnica para calmarnos.

Algunas de esas cosas pueden ayudar. Pero hay una pregunta anterior que me interesa que nos hagamos:

¿Qué relación estás teniendo con vos mism@ mientras vivís todo esto?

Si te sentís desconectad@, podrías preguntarte cuánto de lo que te pasa compartís realmente con alguien. Si aparece desorientación, quizá valga la pena revisar si tus decisiones actuales responden a lo que querés hoy. Y si buscás estímulos cada vez que llega el silencio, podés observar qué sentís justo antes de hacerlo.

Son posibilidades para explorar, no explicaciones de lo que le ocurre a todo el mundo. La historia de cada persona importa. También importan sus circunstancias reales: el trabajo, el dinero, la salud, los vínculos y el contexto en el que vive.

Por eso me interesa escuchar el síntoma sin inventarle una causa.

Durante mis acompañamientos también miro las incoherencias concretas que aparecen después. Alguien puede decir que necesita tiempo para su vida personal y llenar de nuevo cada hueco de la agenda. O querer una relación más honesta y evitar la conversación que podría cambiarla. No son fallos de carácter. Son distancias entre lo que la persona reconoce y lo que consigue sostener en la práctica. A veces cuestan tiempo y energía; según la situación, también pueden tener un costo económico. Entenderlas sirve si nos ayuda a encontrar una decisión posible, no a juzgarnos mejor.

Mirar lo que aparece hoy. Preguntar si se repite. Distinguir lo que sabemos de lo que suponemos. Y ver qué pequeño movimiento sería posible desde ahí.

Podés probarlo esta semana con una situación concreta. Elegí un momento en el que te hayas sentido sol@, sin dirección o llevad@ por la urgencia. Anotá qué pasó, qué hiciste inmediatamente después y qué necesitabas en ese momento. No busques una explicación definitiva. Al mirar esas tres cosas juntas quizá aparezca una conversación, una pausa o una decisión que merezca tu atención.

Tal vez el primer paso no sea cambiar tu vida entera.

Tal vez sea notar que necesitás una conversación en la que no tengas que liderar. Reconocer que el siguiente objetivo ya no responde a algo que deseás. O permitirte sentir una incomodidad antes de taparla con otra tarea.

En ORIGEN estoy dando forma a un espacio para hacer ese trabajo con profundidad: volver a escuchar lo que la vida muestra y llevar esa comprensión a decisiones más conscientes.

Porque una vida puede verse bien desde fuera y, al mismo tiempo, pedirnos que volvamos a estar presentes dentro de ella.

¿Cuál de estas tres experiencias reconocés hoy: desconexión, desorientación o dificultad para permanecer con lo que sentís?

Escribime a coach@stefanobonanno.com, será un placer leerte.

Stefano Bonanno

Mi nombre es Stefano Bonanno, soy coach, terapeuta, e instructor de movimiento y respiración, con una profunda pasión por el crecimiento personal y una constante búsqueda de evolución.
Estoy dedicado a ayudar a otros a tomar control de sus vidas y a crear su realidad de manera consciente, compartiendo las herramientas que han enriquecido mi evolución personal y profesional a través de mis sesiones, taller y programas.

https://www.stefanobonanno.com
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