Me alejé de las redes y esto fue lo que pasó
Desconectarse para volver a habitarse
Durante diciembre de 2025 tomé una decisión que, desde afuera, puede parecer contradictoria para alguien que está construyendo su marca personal: me alejé de las redes sociales.
No fue un impulso.
No fue un rechazo.
Fue una decisión consciente.
Venía de un año intenso. Muy intenso.
Un año donde lancé mi marca personal, creé mi programa de acompañamiento, participé en talleres, colaboraciones y espacios profundos. Un año de expansión profesional… y también de grandes movimientos personales.
Hubo una fractura en mi muñeca.
Hubo una separación de pareja.
Hubo trámites detenidos —como la renovación de mi pasaporte— que me obligaron a quedarme en España cuando una parte de mí necesitaba moverse.
Y cuando llegó diciembre, algo se ordenó por dentro con mucha claridad:
necesitaba silencio, tiempo y espacio personal.
Cuando el ruido externo tapa la verdad interna
Diciembre me encontró viajando.
Italia. Fuerteventura. Madrid.
Y finalmente, la montaña.
Cada lugar fue un espejo distinto, pero hubo algo común en todos: al bajar el ritmo externo, empezó a emerger lo que llevaba tiempo pidiendo ser escuchado.
En la montaña, rodeado de inmensidad, apareció una verdad muy simple y muy potente:
vivimos en un mundo enorme, pero pasamos gran parte del tiempo atrapados en nuestra propia cabeza.
Pensando.
Anticipando.
Comparando.
Exigiéndonos.
Como parte de ese viaje interior, hice un Vipassana de tres días.
Tres días de silencio.
Tres días de meditación profunda.
Tres días sin distracciones externas.
Y ahí lo confirmé con el cuerpo, no con la mente:
lo que estaba buscando no estaba en las redes.
Las redes conectan, inspiran, informan.
Pero también nos mantienen en una atención fragmentada, siempre hacia afuera, siempre respondiendo estímulos.
Al dejar de publicar, de mirar métricas, de sostener presencia constante, algo empezó a acomodarse dentro mío.
La atención volvió al cuerpo.
Al presente.
A lo que estaba sucediendo de verdad.
Desconectarse para conectar (de verdad)
Estar sin redes me permitió salir del piloto automático.
Empecé a preguntarme, con honestidad y sin exigencia:
¿Esto lo quiero o no lo quiero?
¿Este vínculo lo elijo o lo sostengo por costumbre?
¿Esta decisión nace de la coherencia o del miedo a decepcionar?
Diciembre fue un mes de límites íntimos.
De decisiones que dolieron.
De tomar distancia de algunas personas que ya no estaban en mi sintonía.
No desde el enojo.
No desde el rechazo.
Sino desde el respeto por lo que hoy necesito ser y sostener.
Sí, sabía que esta pausa iba a tener consecuencias externas.
Sabía que podía perder visibilidad, validación o seguidores.
Y lo asumí.
Porque lo que encontré en ese silencio no lo iba a encontrar mirando una pantalla.
Mi camino de integración
Este proceso me confirmó algo que veo constantemente en los procesos de acompañamiento:
El cuerpo y el alma piden pausa antes de un nuevo ciclo
No se puede crear con claridad sin espacio interno.La hiperconexión externa suele tapar la desconexión interna
Cuanto más ruido afuera, menos escucha adentro.Poner límites es una forma profunda de coherencia
Aunque implique perder vínculos o certezas.La presencia vale más que cualquier validación externa
Cuando uno se habita, algo se ordena naturalmente.
Lo que suele aparecer cuando este tema no se mira
Cuando no nos permitimos desconectar, suelen aparecer ansiedad constante, agotamiento mental, dificultad para estar presentes, irritabilidad o una sensación de vacío que nada llena.
A nivel vincular, se manifiesta en relaciones sostenidas por inercia.
Y a nivel espiritual, en una desconexión del sentido profundo de lo que hacemos.
💬 Reflexión final
Hoy empiezo 2026 con mucha más claridad.
Sé dónde quiero poner mi energía.
Desde qué lugar quiero crear.
Y a quién quiero acompañar.
Este silencio no fue una pausa improductiva.
Fue una siembra consciente.
Y si algo de todo esto resuena en vos, quizás la pregunta no sea si deberías alejarte de las redes… sino:
¿De qué te estás distrayendo cuando no te permitís parar y escucharte?